De la Vesica Piscis

Introducción:

Para hablar de dicho símbolo es necesario hablar primero de la llamada Geometría Sagrada. Esta es el estudio de las proporciones, patrones, códigos y símbolos que subyacen en la Ordenación del Universo. Utilizada como un camino para comprender quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos en el misticismo judío (kabbalah), es una ciencia heredada por el antiguo conocimiento hermético egipcio y griego que mezcla proporciones matemáticas con metafísica.

En la Geometría sagrada se establecen las pautas de la creación, la manifestación de Eón y su expansión: Desde la “germinación” de la semilla de la vida y la Vesica Piscis, pasando por su florecimiento: La flor de la vida, dando lugar a los frutos de esta para llegar al llamado Cubo de Metatrón y los 5 sólidos platónicos: El cubo, el tetraedro, el octaedro, el dodecaedro y el icosaedro.

Para aquellos que no estén muy familiarizados con dichos términos, podríamos decir que es la “huella digital” de la Creación.

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En su vertiente más metafísica, refiere a la creación y manifestación de Eón. Un comienzo, un “Génesis” de todas las formas. Quizás en ese comienzo de la manifestación y expansión de Eón, la energía se fuera desarrollando y expandiendo: Planos, ondas, Ciclos, creaciones dentro de creaciones…Cada esfera de la flor de la vida sería una expansión de esa consciencia a la que llamamos Eón.

Todo comenzaría el “primer día” del Génesis por uno de los símbolos más sagrados en cuanto al nacimiento y creación de la vida: La semilla, la Vésica Piscis. Uno de los símbolos por excelencia de dicha geometría. Símbolo de la dualidad y el equilibrio por excelencia. 2 polos opuestos. Un estado de equilibrio perfecto entre dos fuerzas iguales que comparten un nexo común en su nacimiento.

Utilizado a nivel esotérico en diferentes ramas ( Gnosticismo o Kabbalah), dicho símbolo se le atribuye a la escuela Pitagórica, aunque posteriormente se le han dado otras acepciones relacionadas con la fertilidad y feminidad.

Estamos hablando de manera abstracta del proceso de manifestación de Eón. De los ciclos de tiempo que toma en su expansión y que, a día de hoy, aún continúa.

De nuestra Creación

Pero las distancias no existen en la Geometría sagrada. Esta es matemática, es secuencial, es geométrica, es fractal. Y nosotros no estamos aparte de la creación. Ya comentamos en su momento uno de los principios herméticos por excelencia: “Como es arriba, es abajo”. Así, los patrones de la creación y expansión de Eón se repetirían en nosotros. Hablaríamos de un Génesis particular, de la semilla de la vida y de “nuestra” Vésica Piscis.

De igual modo todo comenzaría con una esfera, un óvulo.

Una vez que el espermatozoide entra en el mismo, pierde la cola y la cabeza, empezando a expandirse hasta convertirse en una esfera perfecta, el pronúcleo masculino. Dicho pronúcleo crece exactamente al mismo tamaño que el pronúcleo femenino conteniendo la otra mitad de la información necesaria. Pura manifestación. La conjunción de los 2 aspectos de la creación: La polaridad masculino y femenino ( Yin-Yang) dentro de algo más grande. Dos polos opuestos que comparten sus fuerzas para crear uno. Pura creación.

Abordándolo desde una perspectiva más espiritual es la apertura de consciencia continua en cada uno de nosotros la que nos permite ir abriendo nuestras esferas, nuestra flor de la vida particular. Quizás, como puse en la reflexión de la polaridad y compensación, nuestra meta como espíritus, al igual que la de Eón, sea elevarnos una octava: El pleno nacimiento, creación y desarrollo de la flor de la vida en nosotros. Desde que nos manifestamos, los pétalos se van abriendo cual flor de loto hasta alcanzar todo su esplendor. De hecho no es casualidad que en algunas corrientes, exista un paralelismo entre el desarrollo de nuestra flor de la vida y la apertura del 7º y último chakra: Sahasrara, flor de loto de los mil pétalos. Y es que en el desarrollo del ser, la energía se iría expandiendo y liberando por cada chakra, hasta llegar al último.

   Flor de la Vida                      Chakra: Sahasrara                    

Y es que nuestra energía se iría manifestando y expandiendo en nosotros: Una y otra vez parecería que se nos repitieran las mismas emociones, atrajéramos las mismas personas y situaciones a nuestras vidas…como si la propia energía de Eón se amoldase a nuestro crecimiento con el fin de poder aprehender y transmutar dichas experiencias en algo superior. Quizás la manifestación de cada esfera del árbol de la vida represente el ser conscientes de un ciclo en nosotros y en el universo. Un camino vital que pasa por la manifestación de la energía según el momento adecuado, en nosotros y en Eón. Un desarrollo armónico para alcanzar nuestra propia flor de la vida: Un instante, un momento en el tiempo en el que todo se detiene y el universo entero es sentido en nosotros. Quizás nuestra octava superior.

Y es que a día de hoy tanto Eón como nosotros nos seguimos expandiendo. ¿Hasta donde crecerá nuestro árbol de la vida? ¿Qué frutos dará? ¿Hasta donde llegaremos?


Pero…y si fuéramos más allá?

A veces, inconscientemente nos ponemos los límites de la propia manifestación en Eón, pero… ¿Y si el yin y el yang fueran más allá de nuestros propios límites? ¿Y si Eón y el Demiurgo también cumplieran su función como energías contrapuestas dentro de algo más grande? El yin y el yang se manifiestarían más allá de lo que conocemos.

¿Y si hubo una “manifestación” anterior? ¿Una Vésica Piscis más allá de nuestras fronteras?

Eón y el Demiurgo, cada uno con su polaridad interior, se interrelacionarían mutuamente en una polaridad aún mayor. Y es que la fractal no entiende de distancias.

Solemos observar al Demiurgo como algo ajeno a la creación pero quizás tanto Eón como el Demiurgo se complementaran el uno al otro en una manifestación más primitiva.

Quizás hubo un momento concreto, una Vesica Piscis de ambas manifestaciones, donde cada una tomara de la otra cierta energía que posteriormente sirviera para su desarrollo y manifestación.

No hablo ni de “bueno” ni de “malo”, simplemente hablo de Polaridad, de energías opuestas pero complementarias. No sé si físicamente separadas, pero tan interrelacionadas que la existencia de una precisaría la existencia de la otra. Equilibrio. Un yin-yang que fuera más allá de nuestra creación.

Eón, Demiurgo, nosotros…Al fin y al cabo, el hombre desde que es hombre ha intentado manifestar la creación de diferentes formas posibles. Diferentes ángulos, diferentes puntos de vista de una consciencia finita dentro de un universo que se nos torna casi infinito. Pero las Fractales, frecuencias, matemáticas y la llamada Geometría Sagrada nos ayudan a salvar esas distancias dándonos pistas de como se desarrolla nuestra propia manifestación y en la que vivimos.

Y así nuestra expresión de La flor de la vida continúa su ciclo eterno.

Luis Sanmartin



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