Del cambio y el movimiento

“Nada se queda quieto, nada se queda como es”

Desde que nos manifestamos en un cuerpo estamos sumidos en la dualidad y está en nuestra naturaleza la percepción dual de las cosas. Quizás esa percepción dual sea uno de los motivos principales de la necesidad de clasificación, del establecimiento de una identidad u orden, del estudio de las materias en muchos casos de manera aislada o de la imagen mental estática e inamovible del concepto.

Mirando los gráficos de cómo observamos en vida, de como retenemos y qué es lo que nos llevamos como energías nos puede enseñar, no solo a relativizar nuestras percepciones, sino a preguntarnos de que manera nos influyen estas.

Sin embargo, lejos de lo que interpretemos como energías, nada se queda quieto. Nada se queda como es.

Haciéndonos eco de las palabras de Engels:

La gran idea fundamental de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, a través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva”. Engels. Dialéctica

Es por ello que, frente a la Rueda del Samsara o el Uróboros que nos muestra una trayectoria más estática de carácter circular para referirse a la “caída” del espíritu en un condicionante continuo, podríamos establecer tal y como sugieren otras corrientes, una trayectoria en espiral enfocada en un cambio del mismo. Porque nada vuelve igual al punto de partida.

Nota: Podríamos hablar incluso de una espiral Aurea.

Existe un encadenamiento de procesos interno donde uno es el resultado necesariamente del proceso que lo ha precedido. Es nuestra concepción dual la que busca un principio y un final constantemente. Pero todo continúa y continúa. Todo está en un movimiento continuo.

Por ello, (continuando con la reflexión de la Recurrencia) si fueramos capaces de INTEGRAR nuestras experiencias y actitudes vividas podríamos trascender la experiencia estática, la imagen circular, y convertirla en una espiral. En movimiento. Pasaríamos de ser espíritus estáticos condicionados por la propia dualidad vivida…para ser observadores. Observadores de nosotros mismos, observadores de los demás, de lo que fuimos, de lo que somos y los posibles cambios que están por venir. Observadores del proceso.

Es el cambio de consciencia el que nos pone en nuestro movimiento, en nuestra espiral particular. Nos muestra el posible cambio en nosotros y la aceptación del cambio en los demás. No hay un estado absoluto de las personas o cosas. No se mantiene nada en pie más que el proceso constante, el devenir y lo transitorio.

Seamos conscientes del proceso, pues NADA ESTÁ ACABADO.

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Vayamos más lejos.

Entonces, si nada está acabado ¿mo concebimos la espiral, nuestro movimiento y los procesos desde una percepción dual que fija un principio y un final constantemente?

Dualidad y Fractal pueden ir de la mano.

No podemos quedarnos en una sola espiral. La propia dualidad del universo nos muestra una vez más, lo que parecerían dos fuerzas contrapuestas: Un vértice que va del centro hacia fuera en el sentido de las manecillas del reloj y otro vértice que va del centro hacia fuera en sentido contrario. Todo ello origina un Toroide en nosotros.

Podemos conferir nuestro movimiento interno como la trayectoria de nuestra energía, la cual entraría a través del primer chakra (chakra Basal) subiendo por nuestros centros energéticos principales ( 7 chakras) hasta llegar al último (Chakra Sahaswara). A esto está referida la ley del 7 en el Hermetismo: Al desarrollo de nuestra energía en su paso a través los 7 chakras.

Sin embargo, lejos de establecerse un fin, como dijimos anteriormente: Nada está acabado. Todo es un proceso continuo. Una vez la energía llegara al último chakra, saldría de este para entrar de nuevo por el primero comenzando de nuevo dicho proceso.

Al fin y al cabo, la representación de Eón como un Toroide, englobando a otros Toroides que a su vez engloban a otros ( Fractales) es una posibilidad que se empieza a tomar en cuenta hoy día.

Para finalizar esta concepción Dual, en el paso de dicha energía se establece una posibilidad más. Como dijimos antes: Nada vuelve igual al punto de partida. En esa nueva vuelta una nueva consciencia podría tener lugar, una posible nueva octava, un movimiento o vibración mayor, una nueva encarnación o manifestación…

En definitiva un posible cambio de ciclo en nosotros y allá donde la fractal nos lleve.

Luis Sanmartin



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