Más allá de la Dualidad

Continuando con la reflexión anterior ( De la Perfección) es hora de pararse y comprender una pauta que nos muestra el Tao Te King.
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El Tao engendra al Uno,
el uno engendra al dos,
el dos engendra al tres,
el tres engendra a los diez mil seres.
Los diez mil seres albergan en su seno el yin y el yang,
cuyas energías vitales chocan para tornarse en armónica unidad.’
(Capítulo XLII)
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El Tao engendra al Uno. De la Nada surge, pues, la unidad. El Uno se produce espontáneamente en el ámbito de lo absoluto.
El uno engendra al Dos. Con la generación de la dualidad se producen el yin y el yang. Las fuerzas primarias sobre la base de las cuales se constituye el orden cósmico.
El dos engendra al tres. Es entonces el Tres, la unión del yin y del yang los cuales engendran los diez mil seres que albergan en su seno dicha unión cuyas energías vitales chocan para tornarse en armónica unidad.

La figura del Tai-ji nos muestra el ying y el yang. Tal como ocurre con todos los contrarios que se dan en la humanidad su contradicción es sólo aparente, pues tanto el yin y el yang como todos los demás binomios en que se manifiesta oposición, no son sino las caras de una misma moneda: La Manifestación.
Así también nos lo recuerda el principio hermético de la Polaridad atribuido a Hermes Trismegisto.

Sin embargo Lao Tsé no sólo integró la propia Dualidad de la existencia, sino que fue mucho más allá. El verdadero camino enseñaba el fluir con la creación. Más allá de un ying-yang estático, la manifestación es movimiento, es fluidez, es perfecta armonía.
Hagamos girar el Tai-ji.

Es a través de rotar ambos principios alrededor de un mismo centro cuando el negro y el blanco vuelven al Uno.

Un nuevo estado tenía lugar: El Uno, La Nada, el Todo o incluso el Vacío. Pero Maestros del pasado como Siddhartha, Nagarjuna, Lao Tsé o incluso Jesús se encontraron con la dificultad de, no solo de reducir dichos procesos a palabras para su comprensión, sino de la adaptación egoica que realizaba cada “sentimiento del yo” respecto a los mismos.

Sin embargo, no sólo el Tao nos muestra la vuelta al Uno. Recordando el Principio Hermético del Ritmo o Ley del Péndulo y la Reflexión sobre el mismo, obteníamos una situación muy parecida. La llamada polarización consistía en retraer el péndulo a un estado neutro cuando estaba en uno de sus extremos: La verdadera integración de la dualidad en nosotros.

Y de la misma forma que hacíamos antes girando el TAIJI, algunos maestros llegaron más allá de dicha integración, llegaron al propio eje del péndulo. Llegaron al UNO.

De hecho, la propia representación del Péndulo nos recuerda a la llamada Ley del 3 de Gurdgieff donde todo fenómeno es el resultado de la combinación de tres fuerzas diferentes: la fuerza positiva (afirmación) la fuerza negativa (negación) y la fuerza neutralizante (reconciliación), o también a la famosa Tesis, Antítesis y Síntesis de Hegel. Incluso la famosa Trinidad en diversas religiones donde un Dios supremo se manifesta de 3 maneras diferentes puede tener lugar aquí.

La Polaridad, el Tao, la Síntesis, la Ley del 3, el Ritmo o Péndulo…diferentes maestros, diferentes épocas pero Toda la enseñanza gira en torno a un camino de regreso: El encuentro con la manifestación de uno mismo, el Ser. Y sólo, más allá, la unidad.

Sin embargo, sigue siendo el “sentimiento del yo” el que sufre y el que se pregunta a sí mismo quien es. Es el “sentimiento del yo” el que se identifica con todo lo absorbido desde que llegó a este mundo. Es el “sentimiento del yo” el que genera resistencia en cada polo y se aferra a una luz artificial constantemente: Quiero una cosa, pero no deseo la otra. Quiero la luz, pero no la oscuridad. Quiero la construcción, pero no la destrucción. Quiero la vida, pero no la muerte. Es el “sentimiento del yo” el que huye constantemente del polo negativo sin querer reconocer que en su interior ya habita el mismo.

Como he comentado en otras reflexiones podemos comprenderlo, podemos memorizarlo, pero el sólo hecho de integrar nuestra propia Dualidad es todavía un largo camino por recorrer. Todo primer paso empieza por quitarnos las vendas de los ojos, dejar de buscar afuera la “magia” o la “luz artificial” que tanto ansía el “sentimiento del yo” y empezar a aceptar nuestro propio interior.

Quizás, si llegásemos alguna vez a integrarnos, podremos girar algún día nuestro TAIJI interior.

Luis Sanmartin.

 

 

 

 



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