El ego en los niños

Raúl Caballero nos explica cómo se comporta el ego en el niño en sus distintas etapas, sobretodo en su etapa más infantil. También nos enseña a revertirlo, y explica distintas pautas.

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Cuando el ser humano nace, comienza a reclamar: reclama vestidura, alimento, calor, cariño…

Cuando el ser humano recién nace, no tiene la capacidad de defensa, de independencia, y depende permanentemente de sus padres como protección. Cuando van pasando los años, ese bebé va convirtiéndose en niño, va aumentado su capacidad analítica, lo que comúnmente llámanos “mente analítica”. Cuando el niño llega a los 2 años, comienza a tener bastante desarrollado el lenguaje, la mente abstracta comienza a estar más desarrollada, y comienza a desarrollar una serie de habilidades independientes, comienza a dejar de necesitar tanto.

En varias oportunidades expliqué que necesitar es ego. Pero cuando el ser humano recién nace, necesita, y tiene ese rol del ego, que es un rol de ego que le es necesario en pos de sobrevivir, por eso es necesario, porque ese ser humano no es capaz de defenderse, no es capaz de conseguir por sí mismo lo que necesita para sobrevivir, es por eso que al necesitar, reclama. Cuando ya ese niño de 2 años comienza a tener esa faceta analítica, esa mente abstracta más desarrollada, comienza a establecer una independencia sobre los padres, todavía tiene una dependencia afectiva, una carencia afectiva, una dependencia emocional, pero ya va a comenzar a lograr por sí mismo algunas cosas.

El niño de 2 años ya es capaz de llevarse el alimento a la boca, ya es capaz de taparse para conseguir calor, ya es capaz de resguardarse, ya es a capaz de huir por sí mismo gracias a lograr caminar y correr. Ese niño comienza a explorar, a experimentar cosas nuevas, el niño por esencia es curioso, curioso porque está descubriendo el mundo, porque está descubriendo todo lo que le rodea.

El niño comienza a reconocer lo que es suyo, y  acostumbrado a reclamar, va a reclamar como suyo cualquier objeto que le guste y que consiga acceder a él. El niño de 2 años normalmente por inercia tiende a no compartir, tiende a ser posesivo, tiende a no valorar lo que tiene hasta que no lo tiene, podemos hacer la prueba el juguete que tiene no le hace caso, cuando tú se lo quitas va a por él, hasta que no lo perdió, no lo valoró, algo que el ser humano con 20, con 30, con 40, con 50, con 60 y con 70 años continúa cometiendo el mismo error. No valoran lo que tiene hasta que pierde a su mujer, a sus hijos, su trabajo, o aquello que sea que quieran.

Ese niño que comienza a desarrollar esa conducta egoica, tiende a comenzar a copiar, a imitar a los padres, o a los adultos con los que se reúna, al igual que puede copiar e imitar conductas de otros niños. Y de repente el niño, que todavía no tiene una personalidad definida, evidentemente, comienza a imitar todo, comienza a imitar prácticamente lo que ve en la sociedad.

Sabemos que la sociedad actual es egoica, es caprichosa, es negativa por naturaleza en un porcentaje muy alto de las veces, ¿eh? No digo siempre, digo en un porcentaje muy alto, que nadie se me ofenda, estoy generalizando. El niño normalmente va aprender y aprehender conductas inapropiadas de la gente que lo rodea. Normalmente va a desarrollar una tendencia egoica, caprichosa, no va a compartir. Más tarde donde el niño va a crecer se va acostumbrar a demandar, a reclamar, con 8 años va a continuar demandando, con 16 años va a demandar aún más, y lo peor es que ya va a ser insostenible para los padres, el niño va a empezar a tener fuerza propia, a tener independencia en todo, y va a ser muy complicado para los padres sostenerlo, y utilizo la palabra sostener, o contener, porque no es lo mismo sostener o contener que manipular. Hay muchos padres que son manipuladores, que tratan de manipular a sus hijos para que hagan lo que ellos quieren que hagan, que estudien lo que ellos quieren que estudien, que trabajen en lo que ellos quieren que trabajen, pero eso es un rol manipulador. No estoy hablando de ese rol manipulador de los padres, estoy hablando de unos padres que realmente quieran contener o sostener a su hijo, porque se les ha ido de manos y creen importante inculcarle una serie de valores.

El niño desde muy pequeño va logrando capacidad de independencia, poco a poco, y va desarrollando una dependencia afectiva con los  padres y con su entorno. Desde que nace ese niño, a medida que crece, esa dependencia afectiva se va a volver todavía más importante. Con el tiempo la persona ya más mayor, el adolescente ya más mayor, el adulto medio, puede llegar a cortar los lazos afectivos.

Los lazos afectivos perduran hasta el final de nuestros días en la mayor parte de seres encarnados. Pero hay personas que con su frialdad -y no digo que esté bien ni que esté mal, ¡ojo!- son capaces de cortar los vínculos afectivos con las personas que los rodean. Pero el niño no es capaz de eso, el niño siempre va establecer un vínculo emocional importante con la gente que lo rodea, con la gente que en teoría lo ama, y digo en teoría, porque en ocasiones veo cosas en que dudo que algunos padres amen realmente a sus hijos. El niño de 2 años comienza a desarrollar una serie conductas ya no solo egoicas o caprichosas, sino incluso violentas.

El niño de 2 años conserva su inocencia, y por lo tanto no tiene maldad, no trata de realizar un acto hostil a propósito, pero comienza a descubrir qué quiere decir la posesión, qué quiere decir defender una posesión, y comienza también a querer llamar la atención de formas distintas que no sea el llanto o el lloro, como por ejemplo golpeado, pegando. Esos niños tienen que aprender todavía, si bien no lo hacen a propósito. Hay padres que puede pensar: “bueno es una etapa, es un niño, y no lo hace a propósito”, pero si no se le enseña al niño a que eso está mal, lo que no saben, muy probablemente de los 2 años se van a ir a los 4, y de los 4 a los 8 y van a seguir pegando, van seguir demandado, van a seguir reclamando, van a seguir siendo posesivos… y luego se va a volver un adolescente, y van a continuar pegando, va a continuar demandado y reclamando, va a continuar siendo posesivo…

Entonces, el adolescente del mañana es el niño del hoy. Para conseguir una buena relación con tus hijos en el futuro, tienes que lograr una buena relación con tus hijos en el presente, tienes que garantizarle una buena educación. Y la educación consiste a veces en poner normas, en poner pautas, en poner límites. Hay parejas que comentan que tienen que poner límites. “Si yo no le pongo límites a él, él me invade mi espacio”. Él igual, ¡eh!, “si no le pongo límites a ella, me come”. Yo le digo: No, en las relaciones de parejas no hay que poner límites, porque las relaciones de pareja se supone que las dos personas están juntas porque así lo desean, si yo le tengo que poner límites al otro, es porque no estoy bien con el otro, o porque la otra persona no me respeta y, tal vez, debería preocuparme más, por si debería estar o no con esa persona.

La mayor parte de las relaciones de pareja se basa en poner límites, yo no creo -como digo- que sea importante, porque se presupone que las dos personas que están juntas, no solo que quiere estar juntas por voluntad propia, sino además son adultas. Las personas adultas no precisan poner límites, ¡se acuerda!, se llega a acuerdos, se ponen las cosas sobre la mesa, se habla, se charla, se dialoga. En cambio con los niños sí hace falta tener normas, porque el niño, a diferencia de un adulto, no es capaz de saber lo que está bien de lo que está mal, no es capaz de saber lo que es peligroso de lo que no es peligroso, entonces, nosotros lo tenemos que proteger, y la manera de protegerlo es ponerle límites. Al igual que el padre que impide a su hijo que ponga los dedos en un enchufe porque tiene que saber que es peligroso, al igual que eso, el padre también tiene que saber lo que es peligroso para el niño cuando sea mayor, cuando crezca en un futuro. ¿Cómo va a saber el padre qué es peligroso para el niño cuando crezca?

Es peligroso para el niño que se acostumbre a demandar, que se acostumbre a reclamar, que tenga conductas violentas, agresivas, que sea excesivamente celoso o posesivo con lo suyo… Entonces se le tiene que educar desde el equilibro, desde el amor, pero desde equilibrio. Poniéndole límites, pero con amor, no se le pone límites porque uno lo quiera limitar y censurar, se le pone límites porque uno lo quiere proteger. Poner límites en su protección no está mal, porque el niño, como dije, no es capaz de diferenciar qué está bien, o qué está mal, qué es peligroso, o qué no es peligroso. Por eso hay que aprender a poner límites, por eso.

Si al niño se le pone límites, si al niño se le regaña, si al niño se le enseña lo que debe y lo que no debe hacer, en un futuro va a ser mejor, para los padres y sobre todo para su propio bienestar.

La Psicointegración no solo es para las personas de 40 años, es también para los niños pequeños. Con Psicointegración bien aplicada se consigue, que un niño bien enseñado obtenga una buena relación con sus padres.

Eso es todo por hoy, ¡gracias por escucharme!



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