De un análisis de la percepción

¿Cómo percibimos? Continuando un poco con el Sentimiento del Yo y del SER que he establecido en reflexiones anteriores, me gustaría pararme para intentar dar una reflexión en relación a como percibe cada sentimiento.

Desde que nacemos empezamos a percibir el entorno. Y ante una confusión del mismo, necesitamos una seguridad. “El sentimiento del yo” adquiere una personalidad. Se educa en una familia, costumbres, se aferra a una tribu, a una nación o cualquier dato estable que considere.

Adquiere una identidad.

Estamos tan perdidos que es la identidad lo que nos hace aferrarnos a algo, a lo seguro. La personalización es tan grande, que lo único que se siente y conoce es el “traje” que llevamos puesto, el “yo psicológico” o el “yo soy”. Y en la medida en que los sujetos la adquieren empieza la comparativa entre las mismos.

Sin embargo, como recordaba Krishnamurti, la propia elección del “yo psicológico” conlleva de por sí la clasificación, distinción y separación frente a otros. En el momento en que elige establece separación y límites.

Es en la búsqueda de esa seguridad donde el “sentimiento del yo” y “su” mente establece un orden a las cosas y al entorno. Crea el lenguaje e intenta adaptar lo que percibe al mismo. Hablamos quizás desde una perspectiva Dual y su respectiva clasificación en una “escala de colores”. Dependiendo del lenguaje y su riqueza, la clasificación será lo más exacta posible ( hay idiomas que utilizan diferentes palabras para definir cambios muy sutiles mientras que otros siguen englobando clasificaciones).

Muchos debates filósoficos giran en torno a este intento de clasificación. A la mente le produce cierta angustia y “horror vacui” no tener respuestas a las que aferrarse. Preguntas como ¿Cual es el origen de todas las cosas? ¿Hacia donde vamos? o ¿De donde venimos? También llevaban implícito un límite dual, una seguridad de establecer un principio y un final. Una clasificación propia del “yo psicológico”.

Sin embargo, respuestas como “El cambio” ( Heráclito, Engels) o “yo soy el que soy”, “vivir en el Presente” o la “meta es la búsqueda” chocan constantemente con una mente que acostumbra a percibir respecto al otro polo antagónico ( Bueno, malo, Dios-Satán, luz-oscuridad etc..)

Ya desde el budismo Zen el maestro realizaba juegos de palabras ( Koans) donde metía de lleno al discípulo en un bucle circular sin principio ni fin. Un intento de sacudir la mente del discípulo para que venciera los límites del «sentimiento del yo», su clasificación y percepción dual de la existencia, y que empezara a percibir desde una óptica diferente.

Esa óptica diferente podríamos considerarla desde el sentimiento del SER.

Muchas veces grandes filósofos percibieron un concepto, una idea inclasificable mentalmente. Sin embargo, acto seguido entraba en escena nuestro “sentimiento del yo” o nuestro “yo psicológico” intentando dar una respuesta, intentando dar una explicación que conllevaba de por sí una una clasificación de dicho concepto, para acto seguido hacerlo propio.

Y era ahí, en esa búsqueda infructousa de señalar en que punto de la dualidad o paleta de colores podía encajar mejor el concepto donde comenzaba el debate filosófico.

Las necesidades, los roles del ego y las emociones de experiencias vividas de cada uno en muchos casos, ya se encargaban de clasificarlo en su lugar según su percepción, y, en muchas ocasiones, de establecerlo como un dogma.

Y es que, el “sentimiento del Ser” cuando percibe o siente, no percibe clasificando, no percibe estableciendo nombres a las cosas. De hecho esa es la tarea del “sentimiento del yo”. Este, andando por la calle y observando una flor realizaría una recurrencia mental para establecer una denominación: -¿Qué es eso? Sí, es una flor. Y así seguiría hacia delante. El sentimiento del Ser sin embargo percibiría, sentiría o contemplaría.

El sentimiento del SER es más difícil de captar. Este siente un tipo de certeza y serenidad que el otro busca desesperadamente. Un “sexto sentido”, una “intución no clasificable” hace que se mire directamente con incomprensión por parte del otro sentimiento. Por parte de una mente que busca constantemente un orden a las cosas y un dato estable.

Todos hemos tenido a veces estas percepciones. En estados de relajación, de soledad o de introspección todos hemos tenido alguna vez momentos donde hemos mirado con los ojos del alma. De hecho, en ello consiste la mediumnidad. Sin embargo, acto seguido el otro sentimiento entraría en escena buscando la clasificación y denominación más precisa para hacerlo propio. El lenguaje, su virtud y a su vez su límite.

Y es que cada sentimiento percibe de una manera. No hay uno que sea mejor ni peor. Uno busca seguridad a una confusión establecida al nacer en un mundo donde no conocemos nada. Su mayor virtud quizás sea el Orden de acuerdo a un lenguaje creado (la definición, el análisis y la comparativa en pos del mismo).

Sin embargo, la clasificación por encima de todas las cosas no sólo hace que se mire con ignorancia cualquier percepción fuera de lugar, sino que la seguridad que le produce el dato estable o los pilares donde se asienta podrían terminar consolidándose como un dogma o una verdad incorruptible para el sujeto que percibe.

Gran escollo para la incomprensión humana, la no tolerancia, la separación y las guerras por imposición. Gran escollo también para el avance y desarrollo científico.

Si bien estando encarnados la percepción del SER es casi nula o desconocida, ambas percepciones podrían integrarse.

Más allá incluso, con dicha integración podría establecerse una creación digna de tantas personas excepcionales que han pasado a lo largo de la historia cuya mayor definición por la mente fue atribuirles el adjetivo de “inteligentes”: Desde Leonardo Da Vinci pasando por Julio Verne a científicos como Nikola Tesla, Stephen Hawkins o Einstein.

De ahí que incluso las posibles sensaciones respecto a la Unidad o la Dualidad como han tenido diferentes maestros pudieran llevar implícito esta diferencia de percepciones. Al menos estando encarnados.

Atrás quedará el legado que nos dejó Krishnamurti o el propio Nagarjuna cuando desde su sentimiento del SER intentaban comentar la naturaleza vacía de las cosas a través de un lenguaje creado por la propia mente. Atrás quedarán legados tan enriquecedores y contrapuestos como el de Lao Tsé y Confucio.

(Vease diálogo Lao Tsé- Confucio)

https://tetra-el.org/mediumnidad/personajes-trascendentes/confucio-y-lao-tse-el-encuentro/

https://tetra-el.org/mediumnidad/personajes-trascendentes/confucio/

O sin ir más lejos y sin ánimo de compararme ante tales referencias, atrás quedará este escrito en aras a intentar explicar un concepto, clasificándolo en dos percepciones diferentes de acuerdo al “sentimiento del yo”.

 

foto-luis

Luis Sanmartin . ( Septiembre 2019)